Interrumpir las largas jornadas frente a la laptop no es perder el tiempo, es ganar confort a largo plazo. Una guía para oficinas corporativas y home office.
La dinámica urbana, las exigencias de entregas y la facilidad del home office nos llevan a menudo a pasar 4 o 5 horas seguidas pegados a una pantalla. El cuerpo humano, simplemente, no está diseñado para mantener una postura estática durante tanto tiempo.
Una pausa activa es el acto consciente de invitar al cuerpo a salir de esa posición para recuperar su estado de ligereza natural antes de que aparezca la pesadez.
El simple acto de ponerte de pie cada hora u hora y media modifica drásticamente la presión sobre la zona lumbar. Cambia el peso de una pierna a otra, sacude suavemente las manos y respira profundo.

Aprovecha los recursos del entorno. Ve a la cocina a servirte un vaso de agua, camina hacia un archivo lejano o da un par de vueltas en la sala mientras escuchas una nota de voz. El movimiento constante, por mínimo que sea, suma.
La vista también se fatiga y tensa el cuello por reflejo. Aplica la técnica de mirar por la ventana hacia el horizonte por unos 20 segundos para relajar los músculos oculares. Esto permite una pausa neurológica además de física.


Movimientos circulares lentos con los hombros hacia atrás. Estirar los brazos hacia el techo con amabilidad. No se busca forzar, sino desentumir los tejidos que han estado fijos en una sola posición frente al teclado.
Revisar redes sociales encorvado sobre el celular no es una pausa activa. Una pausa real implica cambiar de postura, desconectar visualmente de las pantallas luminosas e hidratarse.